Trabajar por pasión o por dinero

Recuerdo que en la universidad siempre nos inculcaron a seguir nuestros sueños, a trabajar en lo que nos apasiona, pues es a lo que nos dedicaremos por el resto de nuestras vidas, o por lo menos gran parte de ellas. Pero tomar la decisión no es tan fácil como lo parece, ya que cuando llega el golpe de realidad al terminar nuestra preparación académica todo se ve diferente. Sabes de la importancia de un buen sueldo y que quizá no seas tan bueno para lo que te apasiona o tu pasión no deja lo suficiente para vivir bien. Hay muchas situaciones que nos podrían guiar por un camino o por otro.

Cuando terminé la carrera de Administración me reuní con un compañero para comenzar a planear nuestra propia empresa, ambos compartíamos la idea de que primero deberíamos iniciar como empleados de otra para generar ingresos y ganar un poco de experiencia, lo que nos facilitaría construir nuestro sueño. La idea nos apasionaba, así que trabajamos por cuatro años en una compañía hasta que hicimos cuentas y sabíamos que teníamos el capital y el conocimiento necesario para emprender. Comenzamos trabajando desde su casa, donde tenía un estudio, pero conforme ganábamos clientes se volvía incomodo tener que poner excusas para no reunirnos en nuestras oficinas, ya que no teníamos. Así que decidimos buscar en páginas de oficinas virtuales para rentar alguna y así tener nuestro propio espacio y sin gastar demasiado dinero.

La organización fue ganando reputación gracias a clientes medianos que confiaban en nosotros, éramos felices al ver el crecimiento, pero sabíamos que aún  faltaba para poder tener las ganancias que tanto ansiábamos. Fue en ese tiempo cuando la compañía competía de tú a tú con medianas empresas del ramo que ya tenían mucho tiempo de existir que llegó una oferta que jamás esperamos. Uno de los dueños de uno de nuestros clientes quiso entrar al negocio con nosotros comprando el 40 por ciento de las acciones, pero eso nunca lo íbamos a aceptar, no estaba en venta. Pero con el tiempo me reveló que le interesaba entrar a ese ramo y que si no era a través de esa empresa me ofrecía trabajo en la suya con un suelo que nunca imaginé ver en mi corta vida. Era difícil negarme a ganar 55 mil pesos mensuales. No ganaba ni la mitad con mi propia empresa. Así que sucumbí ante la tentación y dejar mi pasión de lado. Le vendí mis acciones a mi compañero y socio para que no hubiera conflicto de intereses en mi nuevo trabajo.

El tiempo me enseñó que fue una pésima decisión, si bien al inicio sólo trabajé por dinero y por experiencia era con fines de crear mi empresa, lo que en verdad me apasionaba. Pero ahora había tirado todo por la borda por tener un salario exuberante y que al final de cuentas no me dio la felicidad que esperaba. Me gustaba recibir tanto dinero, pero odiaba cada día, hora, minuto o segundo que pasaba en mi nuevo empleo. Hacía lo mismo pero no era lo mismo.