No le impongas un deporte a tu hijo

No entiendo por qué un padre trata de imponer gustos a sus hijos pensando que es lo mejor para ellos, cuando en muchas ocasiones, lo que pasa es que no los conocen lo suficiente, aunque creen lo contrario, creen conocerlos como la palma de sus manos. Una situación así vivió mi sobrino, quien desde que nació ha tenido todos los lujos y comodidades gracias a que mis tíos son adinerados y pueden darle todo lo que pide. Sin embargo, no es feliz. Por varias razones no logra vivir su vida como quiere, pues siempre le están imponiendo gustos que aunque no le gustan, debe hacerlos.

Image of happy friends on the grass with balls looking at camera

Al ser un tío joven que le gustan los videojuegos, el futbol y que colecciona juguetes, a mi sobrino le gusta mucho pasar tiempo en mi casa, ya sea echándonos unas retas de FIFA, viendo algún partido de la Liga MX o la UFC, incluso lo he llevado a estadios para que sienta la emoción del futbol, algo que nunca había sentido ya que sus padres son anti futboleros, lo consideran un deporte simple y para gente de bajos recursos, como yo, al parecer. Sus papás lo obligan a practicar actividades dignas de su estatus social, como ellos dicen, lo llevan a comprar zapatos de golf para niño, lo inscriben a cursos y lo acompañan a campos para que juegue y se relacione con personas del mismo nivel socioeconómico. Pero él no lo quiere. Es feliz cuando está con mi papá, mi mamá o conmigo, incluso con mi hermana, quien es fanática de todos los deportes de hielo, como el hockey y el patinaje. Gracias a tantos deportes que vemos en mi casa, surgió su amor por el que menos esperábamos: el patinaje. Empezamos a llevarlo a patinar a la pista de hielo y conforme fue aprendiendo, quiso más. Tomaba clases a escondidas hasta que sus padres nos cacharon. Lo regañaron enfrente de todos en la pista y a nosotros nos dijeron que no le metiéramos ideas raras en la cabeza, pues el patinaje artístico era para homosexuales.

Tratamos de hablar con mis tíos pero ellos estaban encerrados en su mundo, estaban decididos a imponer su ley, por lo que desistimos muy a nuestro pesar y por recomendación de nuestros padres. Esta decisión hizo que mi primo creciera resentido con ellos y con la idea de irse lo antes posible de su casa. A los 17 años, a dos meses aproximadamente de cumplir los 18, ya tenía dinero ahorrado, un trabajo estable como mesero y se fue de su casa, perdiendo todos los privilegios, pues así se lo hicieron saber sus padres. Continuó trabajando y practicando el patinaje, retomando los años perdidos. El tiempo le dio la razón de que había tomado una sabia decisión, pues pudo obtener una beca en el extranjero, en Canadá, para practicar el deporte y estudiar. Incluso se nacionalizó después de dos años y representó a Canadá en competiciones internacionales. Hoy espera su oportunidad para participar en Juegos Olímpicos de Invierno, aunque no sea con México, está cumpliendo su sueño.

 

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