Esos pequeños momentos que te alegran el alma

Vivimos la vida tan rápido en la actualidad que poco nos detenemos a disfrutar de lo que nuestro corazón está sintiendo, sólo lo tomamos como una emoción más del día y no nos detenemos a disfrutarlo, a gozarlo, a sentirlo. Mientras trabajaba desde casa, en la comodidad de mi comedor, sintiendo la frescura del piso de mármol, vi un video que me lleno de alegría el alma. Se trataba de una bebé que nació sorda y tras ponerle un aparato para que pudiera oír, escuchó por primera vez la voz de su madre. La reacción de la pequeñita fue incomparable, pues sonreía y después hacía muecas de estar triste, quizá por el sentimiento de por fin saber lo que su madre le dice. En ese momento me puse a pensar que gracias a que tenemos nuestros cinco sentidos, creemos que estarán ahí por siempre y hay muchas cosas que pasan desapercibidas frente a nosotros.

Cuando te nazca ayudar a alguien, por ejemplo a un niño o niña que se encuentra en la calle pidiendo dinero y decides darle una moneda de diez pesos o un billete de 20, lo que tú quieras, sonríele, velo a los ojos y, generalmente, ellos te responderán con un gracias o simplemente lo harán con un rostro de satisfacción que te llenará el alma. Hay mucha gente que lo único que necesita es atención, aunque se vean mal físicamente, de salud o en lo económico, lo único que desean es lo más simple, que alguien hable con ellos. No lo digo sólo como algo que me gustaría que hicieran, sino como algo que yo he hecho.

Sucedió cuando estaba en una reunión familiar con la familia de mi novia, uno de sus tíos que padece alguna enfermedad que le afectó el cerebro y su motricidad, y al cual muchos tratan de forma grosera, le gritan y sólo le dan órdenes. Cuando lo vi sentado solo, lo que quería hacer era ir a hacerle compañía, pero mi novia se adelantó y se sentó junto a él, le dio una palmada en la espalda y comenzó a preguntarle sobre su día. El rostro de su tío cambió completamente, sonreía, hablaba y se veía feliz. Una simple plática le hizo cambiar su actitud y seguramente le cambió el día. No hace falta que le digan qué hacer para cuidarse, sólo quiere hablar como la gente normal, que no los vean como alguien que necesita de ayuda para sobrevivir. Sentí como el pecho se me comprimía y unas ganas de llorar pero me contuve, simplemente era el alma que se había llenado y quería dejar salir toda la emoción contenida por ese maravillosos gesto de la mujer que amo.

De verdad, no dejes de sentir y de perderte momentos que vale la pena vivir y sentir. Camina con tus sentidos abiertos a cualquier eventualidad que pudiera atravesarse en tu camino y te permitan vivir una experiencia que se quedará grabada en tu corazón y será como alimento para tu alma, que, como la de muchos, quizá está hambrienta por la falta de experiencias que mueven al mundo.